El italiano es un idioma indoeuropeo de la rama romance o rómanica (derivado del Latín). La evolución del idioma italiano es bastante lineal, y la describimos a continuación. En este capítulo su evolución hasta el renacimiento.

Hacia la mitad del II milenio a. C., poblaciones indoeuropeas, se establecieron en la península itálica, dando lugar a las lenguas itálicas antiguas y a los pueblos del mismo nombre: los itálicos. La lengua de una de estas poblaciones itálicas asentada en la región del Latium (el lacio), llamados genéricamente los latinos, evolucionó hasta convertirse en el latín, idioma autóctono de la parte centro-occidental de la península itálica.​

Ilustración 1: Lenguas itálicas antiguas, en azul las latinas.

A partir del siglo V a. C., a través el expansionismo por la península itálica de la que era una aldea del pueblo itálico de los latinos: Roma, el idioma latín hablado por los romanos se impuso sobre las otras lenguas de las demás poblaciones itálicas. El conjunto de las demás lenguas pertenecientes al grupo itálico,​ con la excepción de otros idiomas hablados en la Italia antigua por los etruscos, los ligures, los celtas, y los italiotas de a Magna Grecia, fueron lenguas no muy diferente del latín, pertenecientes a dos macro-grupos lingüísticos: el grupo latino-falisco y el grupo osco-umbro, ambos parte de una única familia: la de las lenguas itálicas antiguas.

El idioma etrusco, que en un principio había sido particularmente influyente en el desarrollo del latín, también desapareció del uso escrito en siglo II a. C. y, al final de la época clásica, se había perdido definitivamente. Un final similar lo tuvieron el antiguo idioma ligur y los idiomas hablados por los celtas (como el de los ínsubres y el de los lepónticos, entre otros) del norte de Italia.

Un destino diferente tuvo el idioma griego antiguo hablado por los italiotas en las polis de la Magna Grecia (Italia meridional), el cual sobrevivió de manera conjunta al latín, debido al prestigio que mantuvo durante todo el curso del Imperio romano. Algunos rastros lingüísticos del griego antiguo hablado en el sur de Italia, durante la época de la Magna Grecia, sobreviven aún hoy en día entre las comunidadess helenofonas (lingüísticamente fortalecidas también durante la época bizantina) presentes en las regiones de Apulia y Calabria y conocidas como grikos.

La guerra Social (90 a. C.), entre los romanos junto a los demás itálicos provistos de ciudadanía romana contra sus otros aliados itálicos, los socii, hizo que la plena ciudadanía romana fuera otorgada a todos los itálicos a través de la Lex Plautia Papiria, marcando así el declive definitivo de las demás lenguas antiguas de Italia (como las lenguas osca, umbra y etrusca, entre otras), favoreciendo definitivamente el latín.​

El latín hablado diariamente por el pueblo no correspondía al latín clásico, modelo literario codificado por algunos autores entre los siglos I a. C. y el I d. C. y objeto de estudio en la época moderna. El considerado latín vulgar se presentaba de formas diversas, con fuertes variaciones diatópicas (entre un sitio y otro): de este latín surgieron las diversas lenguas románicas. El latín vulgar era, como idioma hablado, más sensible a los cambios de lo que era el latín de la tradición literaria.​ Sin embargo, mantuvo muchos rasgos que habían acompañado a la lengua latina desde su periodo arcaico.

El primer idioma italiano transregional se desarrolló en Sicilia, con la escuela poética siciliana, que floreció entre 1230 y 1270 aproximadamente y que tuvo una cierta influencia en el toscano medieval y, en particular, en una de sus variedades: el florentino arcaico. De este último deriva la lengua italiana moderna. El vulgar florentino, habla de origen romance, a partir de la segunda mitad del siglo XIII empezó a desarrollar una literatura propia, imponiéndose como lengua escrita, en el siglo siguiente, en un ámbito territorial mucho más vasto que su área de difusión originaria.

Ilustración 2: Dante Alighieri.

El toscano de Florencia se impuso no por razones políticas, económicas o militares, como suele ocurrir, sino debido al prestigio cultural que llevaba consigo al ser el idioma de la Divina Comedia de Dante Alighieri, la más alta creación literaria de la Edad Media y una de las más grandes obras universales de todos los tiempos. Después de la muerte de Dante (1321), cuyos horizontes filosóficos y literarios se encontraban todavía dentro de un marco cultural medieval, escribieron en toscano Giovanni Boccaccio y Francesco Petrarca, considerados como los dos autores más importantes del humanismo prerrenacentista italiano.

A finales del siglo XIV el léxico fundamental del italiano ya estaba constituido en un 90% y a partir del siglo siguiente empezó a formarse una especie de lengua común, sobre todo en el norte de Italia, que tenía su base en el toscano y en muchos términos y expresiones latinas que habían confluido en él. Este idioma común fue utilizado por notarios y funcionarios como lengua escrita en algunas prestigiosas cancillerías de ese tiempo: en Mantua, Urbino, Ferrara, Venecia y, desde el año 1426, en la cancillería de los Visconti en Milán.

Hacia mediados del siglo XV, ya en pleno Renacimiento, empezaron a compilarse las primeras gramáticas en vulgar florentino, como la Grammatica della lingua toscana de Leon Battista Alberti y, en las últimas décadas de ese mismo siglo, en la corte real de Nápoles, floreció una poesía cortesana en italiano que tuvo algunos representantes de relieve, como Francesco Galeota y Pietro Jacopo De Gennaro. Siempre durante el Renacimiento, gracias también a la normalización lingüística operada por el veneciano Pietro Bembo (1470-1547), escribieron en italiano todos los más importantes autores de la época: los grandes poetas emilianos Mateo Boiardo y Ludovico Ariosto, el ensayista lombardo Baldassare Castiglione, cuya obra maestra, El cortesano, fue traducida por Juan Boscán al español, el filósofo e historiador florentino Maquiavelo y su conciudadano y amigo Francesco Guicciardini. En italiano (y en latín) escribió también la personalidad más destacada de las letras napolitanas del Renacimiento, como Jacopo Sannazaro. A partir de la época de Sannazaro los napolitanos aceptaron de buen grado la supremacía del florentino como lengua escrita sea en la oratoria forense.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta