Continuamos en este artículo desarrollando la evolución del idioma italiano a partir del siglo XVI. Es decir, a finales del renacimiento.
En la primera mitad del siglo XVI, con la internacionalización del Renacimiento, la literatura y el idioma italianos empezaron a propagarse, con más rapidez todavía que en el período anterior, en todo el mundo occidental. En aquella época el idioma italiano (la denominación de italiano había terminado por prevalecer, durante las décadas centrales de ese mismo siglo, sobre cualquier otra) había dejado de identificarse plenamente con el vulgar florentino y, gracias al alto nivel de su literatura, se había ido imponiendo como una de las grandes lenguas de cultura en la Europa de ese tiempo. En la segunda mitad del siglo XVI, ya en edad manierista, se impuso Torquato Tasso, nacido en Sorrento, como el máximo autor italiano de su tiempo. En la época de Tasso y de la Contrarreforma se desarrolló la comedia del arte, un género teatral popular en la que se fusionan formas y léxicos dialectales con el italiano. Esta forma de espectáculo tuvo una gran aceptación internacional, como la tuvo el teatro en música, o melodrama, nacido en Florencia en las dos últimas décadas del siglo XVI, con textos poéticos de carácter histórico o mitológico y escritos en un italiano áulico (el hablado en las cortes o palacios), que en los siglos siguientes se exportará con éxito al resto de Europa y a América.
En 1585 se constituyó oficialmente en Florencia una academia privada, la Accademia della Crusca, para mantener la pureza de la lengua italiana y codificar su gramática y sintaxis. En 1612 la Academia publicó en Venecia el primer Vocabolario degli Accademici della Crusca, que, junto con el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, sirvió de modelo a otros diccionarios compilados sucesivamente en Francia, Inglaterra y Alemania.

Ilustración 1: Galileo Galilei.
En la época barroca, rompiendo el monopolio detentado por el latín en el ámbito científico y filosófico, se empiezan a publicar los primeros ensayos relativos a esas disciplinas en italiano, entre los cuales destaca por importancia Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo de Galileo Galilei. También en edad barroca, durante la dominación española, en Nápoles, máximo centro urbano peninsular y capital de un Reino que incluía la tercera parte de la Italia de ese tiempo, el italiano escrito ya tenía mayor difusión que el latín, todavía lengua de la enseñanza científica en la ciudad y en su Estado: de un total de 2.800 libros conservados en la principal biblioteca de Nápoles y publicados en el siglo XVII, 1.500 estaban escritos en italiano (53,6 % del total) frente a 1.086 escritos en latín (28,8 % del total) y solamente 26 en napolitano (0,9 % del total).
En el siglo XVIII, algunos Estados italianos, como el reino de Cerdeña y los ducados de Parma y de Módena, tomaron varias medidas, a nivel legislativo, para sustituir definitivamente el latín por el italiano también en la instrucción universitaria (sector de la enseñanza superior donde, hasta entonces, seguía prevaleciendo el latín). Tras la adopción de estas medidas, en el Piamonte (donde la lengua de Dante, al igual que en la mayoría de los demás Estados italianos preunitarios, era ya oficial en la administración pública desde el año 1561), el uso del italiano, así como en los ducados de Parma y de Módena, se hizo obligatorio también en la enseñanza universitaria. En Cerdeña, donde ya se hablaba, en el norte de la isla, un idioma estrechamente vinculado al toscano y al corso (el gallurés), se impuso el italiano como la única lengua oficial (1759-1760). En 1754, en la Universidad de Nápoles, el filósofo y economista campano, Antonio Genovesi, uno de los máximos intelectuales italianos de su tiempo, tomó la iniciativa de dar clases universitarias en vulgar, abandonando el uso del latín y
provocando un enorme escándalo en el ambiente académico de la ciudad.

Ilustración 2: Reinos de la península italiana antes de su unificación en 1861.
Cuando se proclamó el reino de Italia (1861) el italiano ya era la lengua hegemónica de la literatura y la oficial en la comunicación escrita y en la administración, pero solo una pequeña minoría lo hablaba, es decir, solo la parte instruida de la población. No tenemos estadísticas disponibles al respecto, pero según algunos linguistas, en el momento de la unificación, el 2,5 % de la población era italófona, o sea, todos los toscanos y romanos alfabetizados y todos los demás italianos que habían cursado estudios secundarios (desde los 11 hasta los 18 años de edad) y universitarios. Según otros lingüistas, el número de italohablantes en aquella época podía llegar aproximadamente al 9 % de la población. Ambos datos denotan una situación anómala determinada por una serie de causas, entre las cuales destacan: la fragmentación política de Italia entre los siglos VI y XIX; la alta tasa de analfabetismo; el uso prolongado del latín (conjuntamente con el italiano o sin él) como lengua de la enseñanza superior y universitaria en varios de los estados italianos preunitarios, hasta, por lo menos, la edad napoleónica; y la vitalidad de tantas variedades lingüísticas italorromances locales habladas pero casi nunca utilizadas en su forma escrita por sus locutores. Hay que señalar, sin embargo, que esas variedades lingüísticas, llamadas impropiamente por sus mismos usuarios como «dialectos», eran y son, en su gran mayoría, lenguas neolatinas autóctonas y regionales (galoitálicas, italorromances centromeridionales, retorromanas, etc.), conocidas comúnmente como dialectos por el simple hecho de no estar estandarizadas.
Los locutores de minorías lingüísticas foráneas (es decir, los hablantes de lenguas no pertenecientes al contexto neolatino italiano, como los arbëreshë un dialecto de origen albanés, los grikos ya mencionados, los sur-tiroleses que hablan un dialecto alemán y los franco-provenzales que hablan un dialecto francés) han representado siempre una exigua parte de la población italiana autóctona (entre el 1 % y el 2,1 %).
A partir de la unificación de Italia y a lo largo del siglo XIX, la aceleración del ritmo de industrialización, el mayor índice de asistencia a las escuelas primarias, la emigración a las ciudades y la expansión de los medios de comunicación (carreteras, ferrocarriles, etc.), contribuyeron a un descenso del uso de las variedades regionales y una familiarización creciente con la lengua nacional. Sin embargo, a principios del siglo XX, el uso del italiano estándar no tenía todavía, en varias regiones, una difusión satisfactoria. En las décadas centrales del mismo siglo la situación cambió radicalmente. En 1951 solo el 13 % de la población italiana usaba exclusivamente un «dialecto» frente a un 18,5 % que hablaba solo en italiano y más de dos tercios que utilizaban tanto el «dialecto» como el italiano. En la segunda mitad del siglo XX, con la progresiva desaparición del analfabetismo, la difusión generalizada de la prensa, de la televisión (operativa desde el año 1954) y, más recientemente, de la informática, se ha asistido a una homogeneización lingüística difícilmente previsible en la época de la constitución del Estado nacional. En un informe del 2006 publicado por la Comisión europea, el italiano resultaba ser la lengua materna del 95 % de población residente en Italia (con la inclusión, por lo tanto, de los extranjeros empadronados).

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!