Italia, junto con Francia, Togo y Nigeria, también comparte el premio de la sección de nutrición de los IgNobel 2025. Lo atesoran Daniele Dendi, Gabriel H. Segniagbeto, Roger Meek y Luca Luiselli, por estudiar cómo eligen los lagartos arcoíris (Agama agama) diferentes tipos de pizza para comer (en un complejo turístico costero de Baguida, Lomé, Togo, en octubre de 2020 y entre abril y mayo de 2021).
Se entrega el premio, según cita textual: ‘por el estudio sobre cómo cierto tipo de lagarto elige comer ciertos tipos de pizza’. Un pequeño apunte: en 2019 Italia también ganó un IgNobel con pizza.
Pero volvamos al presente. Hablamos del “agama”, o “lagarto arlequín”, por los llamativos colores que adoptan sus machos alfa, como explica Luca Luiselli, del Instituto de Conservación y Cooperación Ecológica para el Desarrollo y profesor de bioestadística de la Universidad de Lomé, en Togo, uno de los autores del estudio premiado.
Luiselli se encuentra actualmente en Uganda, estudiando cómo las comunidades de refugiados alteran el medio ambiente y, en particular, el ecosistema de una tortuga. Pero hace algún tiempo estuvo en Togo estudiando precisamente estos lagartos. «En África, las ciudades cambian muy deprisa, en pocos años se ven desarrollos increíbles «, recuerda, «así que incluso en Togo, en 15 años, han surgido muchos complejos turísticos cerca de las playas».
Estos cambios también repercuten en los habitantes no humanos del lugar, que se adaptan con la misma rapidez en algunos casos. «Un día presenciamos con un colega una escena increíble: uno de estos lagartos robaba un trozo de queso de la pizza de un turista y salía corriendo. Hablamos de lagartos que normalmente comen insectos. Así que pusimos en marcha un estudio, proponiendo diferentes tipos de pizza, y observamos que los agamas tenían una marcada preferencia por la pizza de queso».
“Adaptarse a comer pizza, prosigue el investigador, no tiene ningún efecto negativo en estos lagartos: al contrario, por ejemplo, hace engordar a las hembras, que pueden así poner más huevos. Se trata de un resultado extraordinario en sí mismo, que demuestra lo plásticos que son estos animales y cómo pueden cambiar totalmente su ecología de depredadora a oportunista, comiendo productos fabricados por el hombre», prosigue Luiselli.
Los autores decidieron investigar si este comportamiento era anecdótico o una estrategia alimentaria establecida. Se estudió a nueve individuos (adultos y juveniles) durante los días soleados, entre las 12:00 y las 15:00 horas, con temperaturas entre 31 y 33 °C.
Se ofreció a los lagartos dos tipos de pizza (“cuatro quesos” y “cuatro estaciones”), colocadas en platos separados a 10 metros de distancia entre sí y de los árboles donde los lagartos habían sido vistos. Se grabó con cámaras el comportamiento desde unos 15 metros de distancia.
En menos de 15 minutos, los lagartos se alimentaron de los trozos de pizza, llegando a correr hasta 15 metros para alcanzar la comida y mostrando conductas competitivas entre ellos. El comportamiento se prolongó unas dos horas y todos los individuos consumieron la pizza “cuatro quesos”, ignorando la “cuatro estaciones”.
Sería la primera evidencia documentada de una población de A. agama que se alimenta de manera regular de un alimento procesado humano y muestran clara preferencia por un tipo específico.
No se sabe la razón de la preferencia, quizás sean señales químicas, o quizás sea más fácil de digerir. Futuros estudios tendrán que determinar la causa de que la pizza “cuatro quesos” sea atractiva para estos animales insectívoros.

Ilustración 1: Secuencias fotográficas del estudio ganador del Ig Nobel de nutrición.
Sobre lagartos y pizza, también está documentado científicamente (aunque sin Ig Nobel de por medio), que un ejemplar hembra de la especie Leiocephalus carinatus, mejor conocida como lagarto de cola rizada del norte, comió demasiada pizza y tuvo que ser sacrificada. La especie es originaria de Cuba y las Bahamas y se introdujo en Florida en la década de 1940 para acabar con las plagas en el campo de la caña de azúcar.
El animal adquirió este hábito porque habitaba al lado de una pizzería en Cocoa Beach (Florida, Estados Unidos). En la última comida de su vida terminó con estreñimiento severo por el exceso de pizza.
La gran masa fecal adherida al interior del cuerpo del reptil le impedía evacuar y comer. Es probable que esta situación le haya causado un intenso dolor. La cantidad de excremento se consideró de un tamaño récord para la especie.
El caso fue analizado por Natalie Claunch, quien estudia un doctorado en la Escuela de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Universidad de Florida. Capturó al reptil mientras estudiaba la especie para un proyecto de Fisiología. «Cuando la recogimos, asumimos que era una hembra lista para poner huevos», dijo la estudiante de doctorado, sin embargo, estaba errada: este ejemplar hembra no estaba preñada, sino estreñida.

Ilustración 2:Tomografía computarizada de un lagarto de cola rizada con empacho de pizza.
Después de una tomografía computarizada, se descubrió que la bola fecal ocupaba el 35% del cuerpo de la lagartija. El abundante excremento se había desplazado hacia el resto de sus órganos y apenas había dejado espacio para el corazón, los pulmones y el hígado. La necropsia reveló que, además de la pizza, había arena de la comida recolectada del suelo por el reptil. Esta combinación causó un bolo alimenticio con pocos nutrientes que no pudieron ser digeridos.

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