Siguiendo con la serie histórica de la legislación de patentes en España, pasamos al siguiente periodo histórico de nuestro agitado y convulso siglo XIX.
6º.- EL REINADO DE ISABEL II Y EL SEXENIO REVOLUCIONARIO
El régimen fernandino, minado poco a poco por el propio discurrir de los acontecimientos tanto a nivel internacional (revolución de 1830, julio Francés, etc.) como a nivel interior (presión liberal; estado de la Hacienda…), acaba sus días enfrascado en un hondo debate en torno a la cuestión sucesoria y la ley sálica, debate que en realidad encubre el enfrentamiento doctrinario entre liberales y absolutistas. Los primeros se agrupan en torno a la princesa Isabel, como única manera de abordar las reformas necesarias para liquidar definitivamente al Antiguo Régimen. Las facciones absolutistas, por su parte, cierran filas abrazadas a Don Carlos, que se constituye en la única esperanza de los nostálgicos. Cuando muere Fernando VII la suerte está echada: el conflicto armado es inevitable, será la primera guerra carlista.

Ilustración 1: Isabel II.
Además del problema carlista, la nueva situación política debe enfrentarse al descontento de los progresistas (recién nacidos de la escisión producida en el seno liberal) que exigen reformas más radicales a través incluso de cauces violentos. En agosto de 1836 la situación culmina con el “motín de los sargentos”, en La Granja, en el que se pide la restauración de la Constitución de 1812. Esto da lugar a la formación del Ministerio Calatrava, que da oficialidad al tercer acto de nuestra revolución liberal, asumiendo por fin las actuaciones de las Cortes de Cádiz y del Trienio: se decreta la desvinculación de la tierra, la ley de ayuntamientos, la ley de imprenta….
Cuando en 1839 se logra extinguir el levantamiento carlista afianzado en el Norte del país, ya podemos afirmar que España se adentra definitivamente por la senda del liberalismo político y el capitalismo económico. Entre 1840 y 1874, no obstante, el debate político en el nuevo sistema continúa con ardor. Los militares se encuentran al frente de las opciones civiles (Espartero, Narvaez, O’donnell…); las constituciones, o sus proyectos, se suceden en cortos intervalos de tiempo (1837, 45, 56, 69) como reflejo fiel de los enfrentamientos entre moderados y progresistas; los movimientos carlistas resurgen periódicamente; las escisiones políticas proliferan en todos los bandos y las manifestaciones violentas de toda índole continúan produciéndose.
Este constante debate político de los treinta años centrales del siglo XIX (1833-1866) que manifiesta el encontronazo entre antiguos intereses sociales y una revolución burguesa pactada, lenta y complaciente; deriva, a partir de 1868, en un intento definitivo de establecer el orden político burgués, tal y como se había hecho en lo económico, contribuyendo de esta forma a una más rápida modernización del país. 1869 constituye una primera experiencia democrática desde la que aparecen otras alternativas políticas a la monarquía, como lo es la republicana (primera república española) o los aún incipientes movimientos obreros.
Sin embargo, los problemas siguen en auge con el cantonalismo que amenaza la unidad estatal, el carlismo, la guerra de los diez años en Cuba, etc. Serrano y Pavía, partícipes de toda una tradición de tutela militar sobre el poder civil, se hacen con el control de la situación, hasta que en diciembre de 1874 el general Martínez Campos proclama la Restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII de Borbón, primogénito de Isabel II.
A partir, por tanto, de los años cuarenta, tras el fin de la primera guerra carlista, el nuevo ser político comienza por fin a respirar. Los conflictos de todo tipo no cesan, como hemos visto, pero el ambiente empieza a ser cada vez más propicio para las nuevas actividades económicas. Las reglas básicas del juego capitalista van quedando establecidas, uniéndose a las que ya lo estaban desde el reinado de Fernando VII (Código de Comercio, Bolsa, Ley de Patentes).
En 1844 aparece el Banco de Isabel II como pionero en la apertura de sucursales. Poco a poco se diversifica la actividad bancaria; Banco de la Unión, Banco de Fomento y Ultramar, Banco de Barcelona, Banco de Zaragoza, y otros 113. La posibilidad de crear sociedades anónimas estaba regulada desde 1829, pero será a partir de 1840 cuando empiecen a proliferar animadas por la imposibilidad de una vuelta al absolutismo, una vez ganada la Primera Guerra Carlista.

Ilustración 2: Amadeo I de Saboya.
Es entre los años 1855 y 1865 cuando la economía española experimenta el tirón más significativo de toda esta época. Son años de vacas gordas para la banca, y en los que se acometen nuevos intentos desamortizadores, se lleva a cabo una intensa labor en la construcción del ferrocarril, y se tratan de poner las bases para el desarrollo de actividades mineras e industriales. Es también el período en el que se registran mayor número de solicitudes de privilegios de invención e introducción. Coincide con una época de mayor estabilidad en todos los sentidos.
El sexenio revolucionario (gobierno provisional tras la revolución de 1868 llamada la Gloriosa que expulsa del trono a Isabel I, Reinado de Amadeo I de saboya y Primera república española), sin embargo, supone alteraciones políticas y sociales que se dejan sentir en la actividad económica, a pesar de que en algunos casos se toman medidas para incentivarla (liberalización de sociedades anónimas, etc.).
A pesar de las diversas tendencias y acontecimientos políticos en conflicto, el sistema económico capitalista enraíza con fuerza en el suelo español entre los años 1840 y 1874. Todo el conflicto político existente puede influir en aspectos concretos de la Economía, pero desde luego no altera la esencia del sistema. Esto se demuestra en cuestiones básicas como la actividad inventiva; a pesar de todo el debate político, en ningún momento deja de estar regulada la propiedad sobre el invento.

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