El Ig Nobel 2025 de Pediatría (EE.UU.) les fue concedido a Julie Mennella y Gary Beauchamp, por estudiar como un bebé lactante experimenta que su madre haya comido ajo.

Ilustración 1:Julie Mennella y Gary Beauchamp.

Tenemos que remontarnos a 1991 para el premio IgNobel 2025 de pediatría.

El premio se concedió a un estudio que investigó si la leche materna cambiaba cuando la madre comía ajo y cómo lo hacía.

El resultado: la leche olía más intensamente, pero, sorpresa, parecía ser apreciada por los lactantes. Al parecer, mamaban más tiempo, según los autores, Julie Mennella y Gary Beauchamp.

Estudios en animales han mostrado que los componentes de la dieta de las madres se transmite a la leche y condiciona las preferencias alimentarias de las crías.

Se propusieron estudiar en humanos el efecto de un alimento muy aromático, como el ajo, para ver si modifica el olor de la leche y altera la conducta de succión del lactante.

Ocho mujeres lactantes (con bebés entre 3 y 4 meses) participaron en dos sesiones experimentales separadas por una semana. En cada sesión, tras un periodo de control dietético, las madres ingirieron cápsulas con extracto de ajo (1.5 gramos) o cápsulas placebo, en orden aleatorio.

Ilustración 2: Gráficas del estudio sobre ingesta de ajo de madres y lactancia.

Se tomaron muestras de leche antes y hasta tres horas después de la ingesta, que fueron evaluadas por un panel sensorial entrenado en pruebas olfativas. En paralelo se registró el comportamiento de los lactantes durante la lactancia: tiempo de succión, número de succiones, número de tomas y volumen de leche ingerido.

El panel sensorial detectó un aumento significativo y consistente en la intensidad del olor de la leche tras el consumo de ajo, que apareció a las dos horas, con un valor máximo que luego disminuyó.

Los lactantes permanecieron más tiempo en el pecho y realizaron más succiones cuando la leche tenía olor a ajo, aunque en la cantidad total de leche ingerida no se observó ningún aumento significativo.

Los autores concluyen que la dieta materna puede modificar de manera perceptible las características sensoriales de la leche humana, influyendo en el comportamiento de succión de los bebés.

El sabor de la leche materna es variable, pero su base es un dulzor por la lactosa, aunque puede cambiar de sabor y aroma según la dieta de la madre. Alimentos como las cebollas, el ajo o los espárragos pueden impartir sabores fuertes que el bebé percibe en la leche, lo cual es beneficioso porque lo familiariza con diversos sabores y facilita la transición a la alimentación complementaria.

Las características del sabor de la leche materna pueden resumirse en un sabor dulce debido al componente principal de la leche materna, que es la lactosa, un azúcar que le da un sabor dulce distintivo.

Pero también tiene Influencia de la dieta materna, los compuestos de los alimentos que la madre consume (especias, verduras, frutas) pasan a la leche, alterando su sabor y aroma.

Sin embargo, la característica más reseñable del sabor de la leche materna es la variabilidad. El sabor cambia constantemente, y esta variación es normal y positiva, ya que expone al bebé a diferentes gustos.

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