Este será el último artículo dedicado a los Ig Nobel 2024, en concreto a los campos científicos de índole más social, el de demografía y el de la paz.

El Ig Nobel 2024 de Demografía es para Australia y Reino Unido. El politólogo Saul Justin Newman recibe el galardón por desvelar que muchas personas famosas por haber vivido más de 110 años viven en lugares donde los registros de nacimientos y defunciones son deficientes.

Ilustración 1: Al hilo del Ig Nobel de demografía, hay gente «pa to» que decía el torero Rafael el Gallo.

Ha estudiado registros de supercentenarios (más de 110 años) y semisupercentenarios (más de 105 años) de Estados Unidos, Italia, Francia, Inglaterra y Japón. Se ha encontrado con una sorpresa, viven en zonas sin registros civiles fiables desde mediados del siglo pasado, con bajos ingresos per cápita, con malas condiciones biosanitarias y con una esperanza de vida menor que el resto del país. En su opinión, todo apunta a que muchos centenarios y supercentenarios son producto de errores en los registros civiles y de fraudes en sus familias.

Su análisis estadístico nos ofrece muchas sorpresas. Entre ellas, que la correlación entre semicentenarios (SSCs, o más de 105 años) con la población que supera los 90 años (incluyendo a los SSCs) es negativa. Has leído bien, en los lugares de los países estudiados donde hay más personas con más de 105 años resulta que hay menos personas de más de 90 años.

Como científico social, Newman interpreta estos datos como muestra de que gran parte de los semicentenarios son ficticios, resultado de prácticas como transferir la partida de nacimiento a un familiar con el mismo nombre de pila. En su opinión, que la pobreza, las malas condiciones sanitarias y la baja esperanza de vida estén correlacionadas con el porcentaje de personas con más de 105 años no deja lugar a ningún tipo de duda.

Y, además, sugiere que los diez minutos de fama que adquieren las personas con más de 110 años son un caramelo muy dulce para quienes, en condiciones de necesidad, no tienen escrúpulos para realizar algunos malabares con su fecha de nacimiento. Quizás conozcas de primera mano algún caso mediático y pienses que Newman, como buen politólogo, debería dedicarse a la política en lugar de a la demografía. En mi opinión, este Ig Nobel es para recordar la próxima vez que se celebre el cumpleaños de un centenario de récord en televisión.

El Ig Nobel 2024 de la Paz se fue a EE.UU. A título póstumo (falleció en 1990), recibe el galardón el psicólogo Burrhus Frederic Skinner por sus experimentos sobre la viabilidad de usar organismos vivos (palomas) para guiar la trayectoria de misiles Pelican.

Ilustración 2: Burrhus Frederic Skinner.

Skinner nos relata en una revista de psicología la curiosa historia de sus experimentos militares con palomas realizados entre 1940 y 1948. En sus propias palabras, la disparatada idea del Proyecto Paloma (Project Pigeon) nació en 1939 tras la invasión nazi de Varsovia (Polonia) y se desarrolló en el Departamento de Psicología de la Universidad de Minnesota durante la Segunda Guerra Mundial.

Skinner era experto en realizar experimentos cognitivos con palomas y se le ocurrió la idea feliz de usar palomas para guiar misiles. Las palomas se alojarían en grupos de tres o de siete en la cabeza de los misiles Pelican, dentro de unos ojos de pez que les permitían ver hacia donde se dirigía el misil. Las palomas fueron entrenadas para usar su pico para pulsar en un panel de control de la trayectoria del misil; además, se las entrenó para reconocer diferentes tipos de blancos enemigos.

Te preguntarás cómo es posible que un proyecto militar reciba el Ig Nobel de la Paz. Lo obvio es que usan palomas, símbolo de la paz. También influye que el  proyecto se continuó en tiempos de paz en el Laboratorio de Investigación Naval como Proyecto ORCON (siglas de ORganic CONtrol, es decir, control usando organismos vivos).

De hecho, la idea era usar un algoritmo de control realimentado por consenso columbino; la consigna de control vendría dada por el panel más picoteado por las tres (o siete) palomas, de ahí que sean impares para no dejar el misil sin dirección. Además, las palomas serían entrenadas por grupos en diferentes objetivos militares, como buques en el mar, usando fotografías.

Como era de esperar, el proyecto peligró en 1944, tras la primera inspección por parte de servoespecialistas militares (ingenieros en automática y control de misiles). Según los expertos el control columbino era incoherente, impredecible y con demasiado retraso para ser útil.

Pero Skinner superó dicha dificultad con un poco de psicología de ciencia ficción (en sus propias palabras), convenciendo incluso a físicos del MIT, de que podría entrenar con éxito a las palomas en la tarea de un control preciso del misil. Gracias a ello logró una generosa financiación para el proyecto ORCON, que utilizó realmente en sus otros estudios psicológicos serios y con sentido de la realidad.

Al hilo de este caso, podemos afirmar que también hubo otra investigación norteamericana que pretendía guiar los torpedos mediante delfines, que también fue un fiasco. Incluso los rusos, y parece ser que en este caso lo llevaron a la práctica pero también fue un fracaso, condicionaron a perros a comer debajo de los panzer alemanes de forma que en cuanto veían uno se metían debajo de él buscando la recompensa en forma de comida. Una vez condicionados, solo era menester soltarlos en el frente con un artefacto explosivo en los lomos que se detonaba por contacto de un largo vástago. El problema que encontraron y que echó abajo el experimento, es que también se metían debajo de los carros de combate del ejército rojo, no distinguían entre unos u otros carros de combate.

Tras su finalización, ni corto ni perezoso, Skinner transformó su proyecto en una novela de ciencia ficción, Walden Dos (publicada en 1948), una utopía sobre el conductismo y la ingeniería de la conducta en una futura sociedad distópica.

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