Para terminar esta serie, comentaremos patentes de la última década que nos han parecido curiosas.
La denominada Tecnología háptica para la piel (de Nokia) son unos dispositivos adheridos a la piel que transmiten estímulos táctiles para notificaciones, con aplicaciones para personas con discapacidad auditiva o el monitoreo de parámetros corporales.
La patente de Nokia, registrada en 2012, describe una tecnología háptica para la piel que utiliza tatuajes magnéticos que se “sincronizan con un teléfono móvil”. Estos tatuajes vibrarían para alertar al usuario de llamadas o notificaciones al recibir ondas magnéticas de un dispositivo, haciendo que el usuario sienta la vibración directamente en su piel.

Ilustración 1: Ejemplo de tatuaje háptico para la piel.
Los tatuajes se crearían usando una tinta compuesta de componentes magnéticos. La tecnología permite sincronizar estos tatuajes con el teléfono. Al recibir una llamada o notificación, el teléfono emitiría ondas magnéticas que harían vibrar el tatuaje, generando una respuesta táctil en la piel. El objetivo era que los usuarios sintieran la información de su teléfono en su propia piel.
Esta patente, con número US 20120062371 A1, fue presentada por Nokia en 2012 y mostraba un concepto de cómo la tecnología podría integrarse en los dispositivos móviles y el cuerpo humano.
La siguiente patente curiosa de esta década es un exoesqueleto biónico. Y más curioso aun, desarrollado por una española. Un exoesqueleto biónico para niños con atrofia muscular espinal, que ha sido industrializado y certificado como producto sanitario.

Ilustración 2: El exoesqueleto biónico infantil de Elena García Armada.
La patente del exoesqueleto biónico infantil, desarrollado por Elena García Armada para la empresa Marsi Bionics, fue creada inicialmente para niños con movilidad reducida debido a la atrofia muscular espinal y la parálisis cerebral, permitiéndoles ponerse en bipedestación y dar pasos.
Este dispositivo, que es un robot con inteligencia artificial con un sistema de 10 articulaciones, se ha convertido en el primer exoesqueleto pediátrico adaptable del mundo.
El dispositivo imita el cuerpo humano con músculos y sensores artificiales que detectan la intención de movimiento del niño. Se adapta al crecimiento del niño, desde los dos hasta los diecisiete años, ofreciendo comodidad y tolerancia.
A diferencia de prototipos anteriores, el exoesqueleto EXPLORER permite a los niños caminar en entornos cotidianos, facilitando su integración en actividades como jugar o ir al colegio. Incluye un asiento abatible y automático que transforma el dispositivo en una silla de descanso, mejorando la comodidad y el uso continuo.
El proyecto surge de la investigación de Elena García Armada en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), inspirada por la posibilidad de dar movilidad a niños con enfermedades neurológicas.
El objetivo principal es mejorar la calidad de vida, la movilidad, el neurodesarrollo y la autoestima de los niños, dándoles la capacidad de participar plenamente en su entorno. La innovación ha sido reconocida con premios, como el Premio Inventor Europeo 2022, y ha llevado a la fundación de Marsi Bionics para comercializar la tecnología.
No existe una única «patente para ahuyentar serpientes”, sino que hay múltiples diseños de repelentes solares y por vibración que funcionan emitiendo vibraciones incómodas para las serpientes y topos, simulando movimientos de tierra o desprendimientos. Estos dispositivos se entierran en el suelo y se alimentan mediante celdas solares, sin necesitar conexión a la electricidad.

Ilustración 3: Esquema del diseño incluido en la patente de Thelma F. Pogue
Los dispositivos emiten vibraciones de alta frecuencia (entre 400 y 1000 Hz) y de forma aleatoria para evitar que los animales se acostumbren. Las serpientes sienten estas vibraciones como señales de peligro o movimientos de tierra, lo que las disuade de acercarse. La mayoría funcionan con un panel solar que recarga una batería interna, haciendo que el dispositivo sea autónomo y económico. Se insertan en el suelo, a una profundidad de al menos 20 centímetros, cubriendo un área de hasta 700 metros cuadrados.
Pero más interesante fue el dispositivo patentado en 2001 por Thelma F. Pogue, este invento consiste en “un receptáculo en el que se coloca una cantidad de ajo o cebolla, cuyo olor se considera eficaz para repeler a las serpientes”.
El receptáculo, fijado al brazo o la pierna del usuario, presenta “numerosas aberturas para facilitar la dispersión del olor del ajo o la cebolla” y puede estar “provisto de una rejilla para picar dientes de ajo, que de ese modo libera el olor más intensamente”.
Se plantea un dilema: elegir el olor a ajo o las mordeduras de serpiente.

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