Otro sector en el que las patentes nos son propicias a los españoles es el de la movilidad, inventar artilugios o aparatos para movernos por el mar, el cielo o la tierra es otro de nuestros fuertes históricos en cuanto a propiedad intelectual.

Ilustración 1: Sumergible de Peral en el paseo marítimo del puerto de Cartagena.

Cronológicamente hablando, el primero de estos inventos fue el denominado sumergible del afamado Isaac Peral en 1888, cuyo prototipo sigue varado y expuesto como un monumento en el paseo marítimo de Cartagena. Isaac Peral fue un murciano nacido en Cartagena, un marino de la armada española que intervino en varias contiendas (en la guerra de cuba, en la tercera guerra carlista, etc.). Tras la crisis de las carolinas de 1885 (conflicto ignoto entre España y Alemania por un archipiélago del pacífico con dicho nombre) comunica al ministro de marina del gobierno de Cánovas la idea que llevaba madurando ya desde el año anterior de lo que entonces denominaron «torpedero submarino» y que él llamaría sumergible «Peral» y ha pasado a la historia como submarino Peral. En 1886 mediante una real orden se autoriza la construcción dotándola de un crédito de 25.000 pesetas. En 1887 se inicia su construcción en el arsenal de Cádiz y por fin fue botado el 8 de septiembre 1888 en San Fernando, realizando una inmersión de más de una hora y recorriendo cuatro millas. En 1890 fue la primera embarcación desde la que se lanzó un torpedo.

Ilustración 2: Isaac Peral.

Tenía periscopio, una autonomía de 66 horas, un radio de acción de 511 km, giroscopio, tubo lanza torpedos, aparato de puntería, servomotor para la estabilidad, estructura de  acero, motor eléctrico, tanques de agua como lastre, un ventilador purificador de aire (mediante sosa) y hélices de inmersión. Prácticamente todo lo que tiene un submarino moderno. Se constituyó una comisión de marinos presidida por un capitán general, para evaluar si el prototipo superaba los criterios de calidad exigidos por la armada. Se realizaron incluso simulacros de ataque (sobre el crucero Colón), tras los cuales la comisión o junta técnica dictaminó que tenía poca estabilidad, poca velocidad, poco radio de acción y que se sumergía muy lentamente. El ministro de marina emitió un informe desfavorable y se desechó el invento el mismo 1890. Isaac Peral abandonó la armada ese preciso año y se dedicó a la política, siendo elegido diputado en este año, aunque perdería el escaño al año siguiente, en 1891. Se dedicó a reivindicar la valía de su invento, pero se empleó en una empresa eléctrica alemana y murió de cáncer de piel en 1895.

Existe una curiosa leyenda sobre el caso, que afirma que un traficante de armas ruso, un tal Basil Zaharoff, intentó por todos los medios hacerse con la patente, con ofertas multimillonarias a Peral que este rechazó, y ante esta negativa, se dedicó a boicotear las pruebas y sobornar a la comisión española para un dictamen desfavorable. En realidad los submarinos no se desarrollaron realmente hasta la llegada de la primera guerra mundial y la construcción de los U-boots alemanes, cuando se utilizaron como arma atacante; previamente se habían utilizado como meras armas defensivas costeras de una manera bastante discreta.

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