En este caso, y quizás para que reine la armonía pitagórica ya que se trata de la tercera versión de locuras patentadas norteamericanas, vamos a explicar tres de estas auténticas barrabasadas yankees. En la oficina de patentes del tio Sam se aprobaron las siguientes tres patentes:

Airbag corporal para motoristas (Nº Patente US 4685151A). Esta no es tan mala idea, aunque su apariencia no es muy resultona. Se trata de un chaleco atado a la motocicleta mediante una especie de cordón umbilical unido a un recipiente de gas comprimido o licuado. Cuando el motociclista tiene un accidente y el cordón se separa de la válvula, el airbag se infla desde el pecho y la espalda creando como un caparazón para amortiguar el golpe. Fue registrado en 1987 por Dan Kincheloe y, bueno, tal vez los motoristas parezcan una tortuga ninja, pero todo lo que sea salvar vidas.

Ilustración 1:Airbag corporal para motoristas (Nº Patente US 4685151A).

La  segunda patente ya si es una auténtica mamelucada, es el llamado Paritorio centrifugador (Nº Patente US 3216423A).

El matrimonio George B. y Charlotte E. Blonsky pensó en 1965 que con una fuerza centrifugadora sería más fácil para las madres dar a luz. Ni cortos ni perezosos engendraron una camilla giratoria que otorgase a la parturienta un impulso adicional que completase sus esfuerzos para contrarrestar la constricción de las paredes vaginales y la presión atmosférica. Huelga decir que no tuvo mucho éxito, aunque podrían haberlo aprovechado como barraca ambulante porque el mareo es indiscutible.

En este caso la figura que acompaña a la patente es digna de aparecer en el museo de los horrores, fijaros en la redecilla colocada entre los muslos de la madre para recoger a la criatura expulsada en uno de los giros diabólicos de esta centrifugadora humana.

Ilustración 2: El paritorio centrifugador, potro de tortura que ya hubiera querido para si la inquisición para las brujas.

Y la tercera y última patente de este artículo es  el Repelegrafitis (Nº Patente US 5675318A). Seguro que basándose en la película “Demolition Man”, en 1996 Henry C. Hunt, Jr. planeó un sistema muy similar al que aparece en esta cinta distópica de acción: un campo magnético con sensores que al percibir que se acerca un grafitero activan un mecanismo que repele la pintura. Está muy bien hasta que te das cuenta de que la pintura de los aerosoles no es magnética.

Ilustración 3: El repelente repelegrafitis, nada funcional hasta que la pintura de los grafitis sea magnética.

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