Las patentes consisten en reivindicar la protección de unos derechos de invención/innovación frente a su uso o explotación económica por terceros, una vez concedida quedan protegidos por veinte años y una vez concluido este plazo pasan a ser de dominio público, pudiendo usarlos o explotarlos económicamente cualquiera.

La concesión de una patente es un proceso complicado con varios pasos (presentación de la solicitud, búsqueda para que no vulnere otras reivindicaciones de derechos ya protegidos con anterioridad, examen de la patente para comprobar que en realidad reivindica una autentica invención/innovación, publicación de la patente, concesión de la patente), un proceso muy caro (se pagan elevados derechos o tasas de presentación, búsqueda, examen, publicación y concesión) y un proceso muy lento (cuestión de años, pero como mínimo dos años). Y todo esto siempre que las reivindicaciones sean aceptadas, y no sean rechazadas en su totalidad o en parte, y por supuesto, haya que volver a repetir todo el proceso de nuevo.

Las patentes son protecciones de derechos de ámbito territorial nacional, es decir, cada nación o país es soberano a la hora de aceptar o rechazar una patente en su totalidad o parcialmente en su correspondiente oficina de patentes nacional. Y según las últimas estimaciones en el mundo existen 148 oficinas de patentes nacionales (aparecen todas ellas listadas alfabéticamente en la tabla correspondiente del capítulo anterior).

A simple vista parecería que obtener una patente que protegiera a nivel mundial una invención/innovación sería un trabajo titánico casi imposible de conseguir, ya que el complicado, caro y lento proceso descrito anteriormente habría que repetirlo nada más y nada menos que 148 veces. Y exponiéndonos a que no quedara una protección homogénea; ya que puede haber y de hecho hay, disparidad de criterios entre las oficinas de patentes nacionales; de forma que quedara en unos países aceptada y en otros rechazada total o parcialmente, con los subsiguientes perjuicios que todo esto supondría.

Para solucionas estos problemas existen las oficinas de patentes regionales. Fijémonos por cercanía en la Oficina de Patentes Europea (EPO). Concediéndonos la EPO la que se denomina vulgarmente una patente europea; el complicado, caro y lento proceso descrito anteriormente solo tendríamos que cumplirlo una única vez. Ya que las 38 oficinas de patentes nacionales de países miembros de la EPO quedan obligadas a aceptar automáticamente dicha patente europea mediante un proceso llamado de validación. Este proceso es cierto que hay que realizarlo en cada una de las 38 oficinas de patentes de los miembros de la EPO, pero la validación de una patente europea es un proceso sencillo (simplemente la presentación y como mucho en algunos países la traducción a su idioma oficial de toda o parte de la patente), mucho más barato (las tasas de validación son infinitamente mas bajas) y más rápido (cuestión de semanas o meses a lo sumo). Y nos aseguraríamos una patente homogénea para todos los casos de validación.

Casi en paralelo al Convenio sobre la Patente Europea que fundó la EPO se firmó en 1970 en Washington el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés) fundándose la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI o por sus siglas en inglés WIPO) como organismo especializado en la materia por parte de la ONU.

Creándose así lo que se denomina la patente internacional o mal llamada PCT (que en realidad es el nombre del tratado al que se acoge la patente y no de la patente internacional en si). Solicitando y obteniendo una patente internacional o PCT de la OMPI el proceso complicado, caro y lento descrito anteriormente se realiza una única vez, y luego simplemente es validar (el proceso sencillo, barato y rápido) dicha PCT en las oficinas de patentes regionales o en las nacionales de aquellos países que no sean miembros de una oficina de patentes regional.

Todo lo anterior es el preámbulo para entender la importancia de las PCT, cuyas solicitudes por los diez primeros países en 2020 se representan en el gráfico siguiente:

Ilustración 1: los diez primeros países por solicitud de PCT en 2020.

Como observamos el pódium lo ocupan China (potencia económica emergente), EE.UU (potencia económica hegemónica) y Japón (la potencia económica en declive). Pero si nos fijamos las diferencias entre ellos tres es mínima (del orden de 9.000 PCT) comparadas con las diferencias abismales que hemos comprobado en casos anteriores (donde podíamos encontrar diferencias de diez, cien, miles o cientos de miles de veces más). Esto lo que significa es que mayoritariamente China y en menor proporción EE.UU., no utilizan el sistema PCT y optan por presentar directamente las patentes en las oficinas regionales o nacionales de los países que les interesa, igualándose por tanto a Japón.

Es una cosa lógica y de suponer, ya que presentar patentes en países que no tienen capacidad económica y tecnológica suficiente para poner en peligro la comercialización o explotación de un producto altamente tecnológico produciéndolo a nivel nacional, puede suponer una perdida de tiempo y dinero.

En cuarta posición estaría Corea del sur, pero ya si con una diferencia de menos de la mitad o un tercio que los tres primeros.

Por último tenemos seis países europeos, con Alemania (potencia económica europea) a la cabeza; que duplica, triplica o cuadruplica las solicitudes de los otros cinco países europeos, según los casos.

Pero si la OMPI hubiera hecho como en otras ocasiones agrupar a todos los países europeos en un único epígrafe llamado países EPO, y se sumaran todas sus solicitudes de PCT, Europa superaría con creces a Corea del Sur y con menor margen a Japón, encaramándose por tanto en la tercera posición.

Destacar como en otras ocasiones el buen papel de Suiza, Suecia y Países bajos, todos ellos con poca demografía y extensión geográfica (Suecia es extensa, pero de territorio helado e inhóspito, con lo cual da lo mismo). Como ya hemos explicado en otras ocasiones se debe a una apuesta muy clara por la educación de sus poblaciones en unos países altamente desarrollados (no solo en el aspecto económico, sino también cultural o en derechos sociales o democracia) y muy estables política, económica y socialmente.

En cuanto a los porcentajes de incremento/decremento con respecto a 2019 todos ellos crecen (espectacularmente en el caso de China alcanza de manera holgada los dos dígitos), salvo Japón y Alemania (curiosamente los dos países perdedores de la segunda guerra mundial y que emergieron como potencias considerables con su reconstrucción económica ayudados por los norteamericanos a partir de 1945). Por su parte Países Bajos decrece de una manera insignificante estadísticamente y Francia permanece inalterable sin incremento o decremento alguno.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario